Con motivo del 20 aniversario del Festival de Cine de Málaga, me pidieron para el MaF, la antesala cultural del Festival de cine de Málaga, que hiciera una pieza artística para homenajear el festival.

Por ello, no podía sino ilustrar lo que, para mí, fue el MOMENTAZO que viví en el Festival de Málaga en su edición del año 2014: conseguir que toda la sala se riera de una película muy mala.

La película en cuestión era Por un puñado de besos (2014), del director David Menkes y participaba en la sección oficial del festival. Tiempo más tarde me enteré que esa película no debía haber ido a esa sección pero estuvo presente allí por una serie de favores personales del productor, el festival y RTVE, quizá por ahí se explique una situación tan inverosímil.

Acudí como periodista del extinto medio cultural malagueño Modernícolas para cubrir esa edición del Festival de cine, había salido del pase de prensa de una película anterior que, sin entusiasmarme, me pareció muy correcta (aquí puedes leer la crítica de esa película) y, un rato más tarde me tocaba ver la película de Menkes. No había visto ninguna de sus películas anteriores, así que no sabía qué iba a ver. En ese pase, me encontraba también con mi amigo José González, que también estaba cubriendo esa edición del festival como periodista para el mismo medio que yo. Al poco de arrancar la película, nos miramos entre nosotros y no dábamos crédito a lo que sentíamos al ver la película: probablemente estábamos frente a la peor película que jamás habíamos visto en el festival de cine de Málaga.

Podría desgranar pormenores críticos sobre la película pero me voy a detener en explicar lo que sucedió: en un momento dado, empezamos a elevar el cuchicheo de mi compañero y yo y, al poco de la película en una escena totalmente sinsentido empece a aplaudir y a reírme a carcajada, hablandole a la pantalla. Automáticamente, el público (el público periodista de la sala) comenzó a emularme y empezo a reírse. No paró de reírse hasta el final de la película.

Tan fuerte fue el acto de la risa, que los periodistas subimos a la rueda de prensa tras la película aún riéndonos, recuerdo que la intervención la abrió una periodista de RTVE y no podía parar de reírse mientra preguntaba sobre la visión cómica de la película.

La cosa es que la película no era una comedia, todo lo contrario, era un supuesto dramón pero estaba construído de manera totalmente inverosímil, razón para que las risas abundaran por toda la sala.

El detalle es que si no hubiera roto a reír y a aplaudir en ese momento, el público hubiera seguido frío y enfadado con la película, a pesar de estar a un clic de partirse de la risa, pero mi explosión risil creó una ola de risas de complicidad, de auténtica verdad, risas sin corsé. Entre postureo, photocalls, prensa, momento alfombra roja y un largo etcétera que rodea a la industria del cine, durante una hora y media se creo un momento de complicidad sincera absoluta entre tanta gente que debe mantener la compostura normalmente. Estoy muy orgulloso de ello.

Aunque en el momento generar todo aquello me hizo sentirme tremendamente avergonzado, porque me imaginaba lo que iba a acarrear aquello (una inundación de críticas a la película y una repercusión nefasta para el equipo de producción) por otro lado me sentía muy orgulloso de que la risa se liberara. Como no quería relatar todo lo que había sentido, dejé la tarea de la crítica de esa película a mi compañero en Modernícolas (podéis leer su crítica aquí).

A los pocos días leí todas las críticas que habían sacado todos los medios de comunicación al respecto: sin dar nombres, relataban lo sucedido en la sala y ponían a parir esa producción fílmica.

Tiempo después investigué qué pasó con aquello y observé varias cosas: se destapó un poco el pufo del productor de la película que hizo llevar a un bodrio así a la primera línea de un festival de cine; fue (por el momento) la última película de su director y la protagonista principal -la actriz Ana de Armas- automáticamente dejó de participar en producciones españolas de ese tipo y dió el salto a Hollywood poco tiempo después.

La risa puso sirvió como herramienta crítica ante algo mal hecho y le puso punto y final. Y yo que me alegro.

Por ello, la ilustración que realicé para la exposición que celebraba los 20 años de Festival de Cine de Málaga retrataba al eleco principal perplejo, mientras que el público del cine que lo observaba, se reía de ellos.

Si tenéis ganas, podéis ver la película de manera gratuita en la web de RTVE (disponible hasta el 15 de diciembre de 2025).

Notas de prensa destacadas donde hablan de esto que relato:

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